domingo, 15 de septiembre de 2013

No como Penélope

¡¡No!!, No quisiera ser como Penélope,
Dijo Camila cuando escuchó 
al fondo la canción en la radio. 

Hacía mucho rato no sentía hormigutas en el estómago.
La verdad es que conocía muy poco de Santiago, 
pero le encantaba, sabía que cuando con el hablaba había una magia especial.
No importaba que fueran temas profesionales
 o banales,
 ahí había una conexión especial.
Por eso esa noche se permitió soñar con un encuentro, 
no esperaba un príncipe azul, ni que le prometieran amor eterno.
Solo quería sentir de nuevo.


Sin buscarlo las cosas se dieron. 
No habían promesas pero ya estaba pactado el encuentro.
Se dio un gran baño preparándose para verlo,
pero el agua aclaró su mente, o la llenó de miedos.
Una vocesita le dijo:
 para qué te arreglas, si para el no eres ilusión, 
solo un juego.

Camila se enfrió,
pero como si hablara con alguien respondió: 
Si es un juego, yo pongo las reglas. No voy a sufrir de nuevo.

Tal cual lo hizo, pero solo ella conocía el reglamento.
No importaba que fuera una aventura,
pero para vivirla solo había un precio,
que el la respetara, y le diera prioridad al acuerdo.

Pero como si la voz en la ducha hubiera sido real,
pasó el tiempo, y ninguna muestra de interés por aquel encuentro.
Hasta que oyó al fondo la canción Penélope, 
miró el reloj y sintió llegó la hora límite 
en la que ella consideraba que el juego
pasaba de ser juego de dos,
 a un objeto de pasatiempo de uno. 
Así que cerró la puerta, y se acostó con mucho sueño.

En otra época le habría dolido el pecho,
Camila era soñadora y creía en hombres buenos.
Eso para ella ya eran cuentos viejos.
 hacía muchos años no veía uno sincero.
Por eso estaba sola, porque había entendido que a  los hombres 
solo les gustaba el juego 
y eso no era lo que a ella le llenaba el cuerpo.
Pero esta vez había algo diferente, 
si bien no tenía muchas expectativas, 
si le vibraba la piel y había un gran entendimiento.

Santiago apareció,
pero ya había pasado el momento,
se había acabado un juego, 
tal vez por miedo, 
por desconocimiento o por un acierto.

Lo único claro es que no se quedó esperando como Penélope







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